En la guerra comercial con China, el gobierno de Donald Trump tiene una estrategia clara, el friendshoring. Se trata de relocalizar cadenas productivas de países no aliados -como el coloso oriental- hacia países “confiables”, como la Argentina de Javier Milei. En ese marco, el ministro de Desregulación y Transformación del Estado, Federico Sturzenegger, y la prestigiosa Universidad de Harvad trabajaron en silencio en un documento para identificar las oportunidades que se le presentan al país en el contexto del flamante acuerdo comercial sellado con los Estados Unidos.
El encargo fue para el Growth Lab de la Harvard Kennedy School, según pudo saber LA NACION, y sirvió de insumo clave para el Gobierno en la priorización de bienes estratégicos alcanzados por arancel cero en el Acuerdo sobre Comercio e Inversiones Recíprocas entre la Argentina y los Estados Unidos, firmado el 5 de febrero en Washington y que hoy está en revisión luego de que la Corte Suprema de EE.UU. cancelara los aranceles anunciados en abril pasado durante el llamado Liberation Day.
En base a este estudio realizado en conjunto con el economista venezolano Ricardo Hausmann se detectaron siete núcleos estratégicos a aprovechar: equipamiento de transporte y maquinaria industrial; sistemas mecánicos y motores; productos farmacéuticos e insumos médicos; derivados petroquímicos y plásticos; acero y aluminio; minerales críticos como cobre y litio; y madera junto con manufacturas asociadas.
También subrayó: “Eso tampoco es necesariamente abrir en productos que ya producimos sino también en productos que podríamos desarrollar”. Bajo ese enfoque, agregó, “nos convenía pedir la mayor apertura posible”.
El funcionario agregó que el Gobierno consiguió “la colaboración inestimable del Growth Lab” liderado por Hausmann. Precisó además que la participación fue “desinteresada”, dentro de “un intercambio académico de ideas”.
En línea con ese diagnóstico, el Secretario de Transformación del Estado, Maximiliano Fariña, explicó a LA NACION que el complejo foresto-industrial ofrece un ejemplo claro del potencial identificado en el análisis técnico.
Señaló que, además de exportaciones tradicionales como celulosa o madera —actividad con base consolidada en provincias como Misiones—, existen oportunidades para ampliar los envíos de derivados con mayor valor agregado, como tableros, paneles laminados y otras manufacturas vinculadas a la cadena forestal, segmentos que el estudio identifica entre los rubros con mejores perspectivas externas.
El análisis, elaborado junto al laboratorio de Harvard, aplica la metodología del product space —herramienta que mide la cercanía entre bienes según las capacidades productivas necesarias para fabricarlos— para detectar rubros donde la Argentina presenta mayores probabilidades de diversificación exportadora. El enfoque no se limita a los flujos comerciales actuales: evalúa la proximidad entre sectores ya consolidados y nuevas actividades con viabilidad estructural y elevada densidad productiva. Este criterio permite identificar áreas donde las capacidades existentes reducen barreras de entrada y amplían el margen para escalar hacia bienes más complejos y competitivos en mercados internacionales.
Como se mencionó, bajo esos parámetros, se destacan siete núcleos estratégicos para aprovechar en el futuro cercano: equipamiento de transporte y maquinaria industrial; sistemas mecánicos y motores; productos farmacéuticos e insumos médicos; derivados petroquímicos y plásticos; acero y aluminio; minerales críticos como cobre y litio; y madera junto con manufacturas asociadas. El estudio subraya además que varios de estos complejos se ubican entre los más intensivos en consumo energético del comercio global, un factor que el informe considera una ventaja competitiva potencial para la Argentina por su disponibilidad de gas natural y la creciente participación de fuentes renovables.
El Acuerdo sobre Comercio e Inversiones Recíprocas fue firmado el 5 de febrero en Washington entre los gobiernos de ambos países. El entendimiento contempló la incorporación de un amplio universo de bienes argentinos bajo esquemas de arancel cero, resultado de la negociación bilateral y del trabajo técnico previo que permitió priorizar posiciones con mayor viabilidad exportadora. Además, el convenio fijó mecanismos de diálogo técnico y coordinación institucional para facilitar su implementación, reducir fricciones regulatorias y generar previsibilidad para exportadores y empresas.
El 20 de febrero, el escenario cambió abruptamente cuando la Corte Suprema de Estados Unidos falló que Trump no tenía autoridad para imponer aranceles bajo la Ley de Poderes Económicos de Emergencia Internacional, al considerar que esa norma no faculta al Ejecutivo a establecer gravámenes equivalentes a impuestos sin la autorización explícita del Congreso. El tribunal anuló así los aranceles generalizados dictados al amparo de esa ley.
Horas después del fallo, el presidente de los EE.UU. impuso un arancel global del 15% a las importaciones en virtud de la Sección 122 de la Ley de Comercio de 1974, una facultad distinta que no fue alcanzada por la decisión del alto tribunal y que requiere aprobación del Congreso después de 150 días. Trump agregó que su gobierno ya exploraba el uso de otras leyes para aplicar aranceles.
Las reacciones en el país no se hicieron esperar. Marcelo Elizondo describió el escenario abierto tras el fallo como “bien complejo” y señaló que “queda bastante confuso todo”. Explicó que el acuerdo preveía que Estados Unidos redujera aranceles “en 1670 posiciones desde la tarifa máxima que había impuesto Trump y que ahora queda sin efecto.” A partir de ese cambio, planteó el interrogante central: “¿En qué nivel quedan los aranceles de EE.UU. ante productos argentinos?”
El especialista advirtió sobre la posible inconsistencia jurídica del nuevo cuadro: “Si vuelven al nivel pre-Trump, quedan obsoletos los compromisos de Trump de bajar aranceles desde su nivel más alto.” También remarcó el alcance institucional de la decisión: “La Corte ha declarado inexistentes los poderes arancelarios de Trump para los aranceles recíprocos.” Finalmente, sintetizó el clima de transición legal: “Hay mucho que debe ser revisado y ha quedado en un limbo.”
El canciller argentino Pablo Quirno afirmó que el acuerdo sigue vigente. En la misma línea, la Oficina del Representante Comercial de Estados Unidos sostuvo que “la Administración Trump tomará medidas para garantizar la continuidad del programa de aranceles recíprocos del presidente de los Estados Unidos (@POTUS) y de los acuerdos negociados con nuestros socios”.



