El 22 de diciembre, el lanzador H3 (vuelo 8) despegó a las 10:51:30 (hora de Japón) desde el Centro Espacial Tanegashima. La misión transportaba el satélite QZS-5, parte del sistema regional de navegación QZSS (Michibiki), concebido para complementar al GPS y ampliar la disponibilidad del servicio en Japón.
La misión falló. Jaxa informó que la segunda ignición del motor de la segunda etapa no se inició de manera normal y se apagó de forma prematura, lo que impidió ubicar el satélite en la órbita prevista. La agencia creó un comité de respuesta encabezado por su presidente para investigar la causa y definir medidas preventivas.
El parte oficial ubicó el evento en el tramo de “reencendido” de la segunda etapa. La secuencia incluía dos encendidos planificados; el segundo no alcanzó el desempeño requerido y se interrumpió de forma anticipada. El resultado operativo fue directo: sin el impulso final, la misión no pudo completar el perfil orbital.
El lanzamiento había sufrido una reprogramación días antes. El 17 de diciembre, Jaxa canceló un intento por un incidente “incierto” en instalaciones de tierra y anunció que informaría una nueva fecha. El 20 de diciembre, la agencia comunicó el horario reprogramado para el 22.
El H3 es el vector “insignia” que Jaxa y Mitsubishi Heavy Industries (MHI) desarrollaron para reemplazar a H-IIA/H-IIB y sostener el acceso autónomo de Japón al espacio. En documentación técnica de MHI se plantean dos objetivos que conviven con tensión: “asegurar competitividad” en el mercado comercial global y sostener “acceso asegurado” para misiones nacionales.
El cambio de modelo ocurre después del cierre del H-IIA, que completó su último vuelo en junio de 2025. Ese retiro concentró más responsabilidades sobre el H3, tanto para cargas institucionales como para la oferta de servicios de lanzamiento.
En la práctica, la confiabilidad es el activo que permite sostener cronogramas, primas de seguro y contratos. El H3 ya había sufrido un fallo en su debut de 2023 y acumuló, luego, una secuencia de misiones exitosas. El episodio del 22 de diciembre reinstala el foco en el desempeño de la segunda etapa, el componente que ya había estado asociado al primer revés.
La competencia global de lanzamientos se ordena, cada vez más, por tres variables: cadencia, costo por kilogramo y consistencia operacional. En 2024, BryceTech registró 259 lanzamientos orbitales y señaló que los proveedores estadounidenses concentraron cerca del 60% del total, con predominio de operadores comerciales. En ese mapa, SpaceX encabezó el ranking de actividad.
En este contexto, los programas que buscan “bajar costos” enfrentan un estándar impuesto por cohetes con reuso, alta frecuencia y cadenas industriales optimizadas. Para Japón, el H3 opera como puente entre la demanda doméstica —navegación, defensa, ciencia— y la aspiración de capturar porción del mercado comercial. La falla introduce un costo inmediato: meses de investigación, ajustes y validaciones antes de volver a volar con normalidad, según el patrón habitual que reportan fuentes internacionales ante incidentes de lanzamiento en el país.
QZS-5 debía ampliar una constelación regional que Japón busca robustecer con nuevos satélites. Medios internacionales consignaron que el objetivo oficial apunta a una red de siete satélites hacia 2026 y una expansión posterior. El fracaso del despliegue complica ese cronograma y obliga a replanificar ventanas y disponibilidad de lanzadores.
La señal de corto plazo queda en manos de la investigación: causa raíz, correcciones de diseño y criterios de retorno al vuelo. En un mercado donde la reputación se mide por rachas de éxito y regularidad, la próxima misión del H3 ya no será solo un lanzamiento: funcionará como examen público del lugar de Japón en la competencia global de acceso al espacio.
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