Spotify llegó a febrero con una paradoja típica de las tecnológicas maduras: la operación mostró mejoras contundentes, pero la discusión bursátil se desplazó hacia el “después”. En la última rueda disponible, la acción se ubicó en torno a US$ 490,6, con oscilaciones intradiarias relevantes.
El punto de partida es sólido. En el cuarto trimestre de 2025, la compañía informó ingresos por € 4.500 millones, margen bruto de 33,1% y un resultado operativo de € 701 millones. La base de usuarios también avanzó: 751 millones de usuarios activos mensuales y 290 millones de suscriptores premium. 
En paralelo, la caja pasó a ser protagonista. El flujo de caja libre del trimestre fue € 834 millones y el de todo 2025 alcanzó € 2.900 millones, con una posición de efectivo informada en € 9.500 millones. Además, la empresa ejecutó recompras por US$ 433 millones en el trimestre. 
El mercado suele celebrar tres cosas en Spotify: usuarios, margen y disciplina de costos. En 2025, esas tres variables se movieron a favor. Sin embargo, el precio empieza a incorporar otra pregunta: cuánto de esa mejora es estructural y cuánto depende de decisiones de corto plazo, como subas de tarifas, recortes y una publicidad todavía sensible al ciclo. 
La guía para el primer trimestre de 2026 refuerza el cambio de enfoque. La compañía proyectó 759 millones de usuarios activos mensuales y 293 millones de suscriptores, en un trimestre estacionalmente más débil. La señal es clara: el crecimiento continúa, pero a menor velocidad, y el mercado ajusta su vara. 
En ese marco, el debate de valuación gana peso. Distintos tableros de mercado muestran múltiplos exigentes para una firma que ya dejó de ser “pura expansión” y busca consolidarse como generadora de caja en un negocio con tensiones permanentes en derechos, royalties y negociación con sellos. 
También cambió la conversación interna. El reordenamiento en la cúpula —con el fundador Daniel Ek como presidente ejecutivo y el esquema de co-CEO a partir de 2026— formaliza un diseño que la empresa venía usando en la práctica. Para los inversores, agrega una capa: ejecución y control de costos sin perder tracción en producto. 
En costos, el antecedente es conocido: la ola de recortes iniciada en 2023 marcó un punto de inflexión en eficiencia operativa, y el mercado todavía lo lee como parte del “nuevo Spotify”. 
El frente más persistente, en cambio, no es financiero. Es político y cultural: la discusión sobre pagos a artistas, la transparencia del algoritmo y el peso de los contenidos no musicales (podcasts, audiolibros) en la estructura de margen. En el corto plazo, la acción puede subir con un trimestre fuerte; en el mediano, la capitalización depende de probar que el equilibrio entre crecimiento, rentabilidad y legitimidad del modelo no se rompe.

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