Patrick Duke, quien perdió un brazo en un accidente laboral en 2012, aprendió a jugar al golf tras su recuperación y se convirtió en un modelo de resilienciaPatrick Duke, quien perdió un brazo en un accidente laboral en 2012, aprendió a jugar al golf tras su recuperación y se convirtió en un modelo de resiliencia

Un hombre manco hizo un hoyo en uno tras aprender a jugar luego de su accidente: “El golf me dio ganas de vivir”

2026/02/03 00:08
El golfista discapacitado Patrick Duke logró un histórico hoyo en uno en el campo de Overstone Park, Inglaterra, desafiando las estadísticas del deporte

El golf, un deporte conocido por su precisión y concentración, ha sido escenario de innumerables historias de superación. Pero pocas resultan tan sorprendentes como la de Patrick Duke, un hombre que, tras perder un brazo en un accidente laboral, desafió todas las probabilidades y consiguió un hoyo en uno. Su historia no solo es un ejemplo de resiliencia, sino también de cómo una pasión puede transformarse en salvavidas.

A los 67 años, Patrick Duke celebró recientemente una de las mayores gestas del golf: logró su primer hoyo en uno. Lo hizo en el campo de Overstone Park, en Northamptonshire, Inglaterra, durante una partida junto a amigos. El reto era mayúsculo: enfrentaba el cuarto hoyo, un par 3 de unos 110 metros, escenario que había sido especialmente problemático para él en el pasado. Armado con un hierro siete, Duke ejecutó un tiro que, tras aterrizar a 30 centímetros del hoyo, retrocedió suavemente y cayó directo en la copa. La proeza se tornó aún más significativa cuando se considera que Duke, quien perdió un brazo en 2012, había aprendido a jugar al golf solo después de ese accidente.

Las probabilidades de lograr un hoyo en uno para cualquier golfista aficionado ya son bajas, pero dada su situación física severa, las cifras rozan lo imposible. Según explicó, le informaron que las posibilidades eran de 1 en 100.000 o un 0,001%. A pesar de ello, Duke desafió las estadísticas y se convirtió en motivo de admiración para quienes presenciaron su hazaña y para toda la comunidad del golf. “Me dijeron que las probabilidades de que alguien con discapacidad consiguiera un hoyo en uno eran del 0,001% o 1 en 100.000”, relató.

Patrick Duke, quien perdió un brazo en un accidente laboral en 2012, aprendió a jugar al golf tras su recuperación y se convirtió en un modelo de resiliencia

El camino hacia este logro estuvo marcado por la tragedia y la lucha personal. Patrick Duke dedicó más de tres décadas a la industria de la pavimentación de carreteras. Su vida cambió radicalmente cuando, durante una jornada laboral, su chaqueta se enganchó en una máquina, causándole la pérdida de un brazo. El accidente no solo le arrebató la movilidad, sino también la confianza y la autoestima. Duke atravesó una etapa oscura, marcada por el trastorno de estrés postraumático, depresión y pensamientos suicidas. Relató que perdió casi todos los pilares que daban sentido a su día a día: la actividad física, la independencia y las relaciones personales. “Estaba en una situación muy difícil. Tenía pensamientos suicidas y perdí la confianza, la autoestima y mis relaciones”, confiesa.

El golpe emocional fue devastador. Duke, que desde los 15 años había sido una persona activa y deportista —practicando rugby, fútbol gaélico, fútbol y críquet—, se vio obligado a reinventarse. Sijo que hubo momentos en los que no veía salida posible a su situación. “A veces no veía vuelta atrás, pero entonces un amigo me preguntó si alguna vez había jugado al golf”.

En 2018, Duke se animó a tomar sus primeras lecciones, guiado por el profesional de la PGA de Overstone Park, Brian Mudge. La instrucción fue clara: debía ser tratado como un “lienzo en blanco”, dispuesto a aprender desde cero y a desarrollar una técnica propia, adaptada a sus nuevas condiciones físicas. Duke recuerda que el entrenador le advirtió que lo que funcionaba para él probablemente no serviría para otros. Así, poco a poco, fue perfeccionando una manera de jugar única, que le permitió no solo competir, sino también disfrutar del deporte. “Tuve algunas lecciones con un profesional y le dije que me tratara como un lienzo en blanco y que haría lo que me dijera. Dijo que lo que funciona para mí no funcionaría para otros, así que desarrollé mi propia técnica”.

Este proceso de aprendizaje se tradujo en beneficios mucho más profundos que los meramente deportivos. El golf se convirtió para Patrick Duke en una tabla de salvación frente a la adversidad. El deporte le devolvió la confianza, la motivación para salir de casa y la sensación de pertenencia a una comunidad. En sus propias palabras, el golf “me salvó la vida” durante los años más difíciles. Encontró en el club una red de apoyo, formada por personas que lo recibieron sin prejuicios y con quienes pudo forjar nuevas amistades. El reconocimiento social y el sentido de logro personal resultaron esenciales para reconstruir su autoestima. “La gente que he conocido ha sido fenomenal. Me dio confianza y un motivo para salir de casa”.

La hazaña del hoyo en uno por Patrick Duke destaca la inclusión y superación dentro del golf para personas con discapacidad física

El impacto positivo del golf no tardó en hacerse visible. Duke contó que antes de esa primera clase sentía que su vida se había reducido al aislamiento y la desesperanza. Sin embargo, la práctica regular, sumada al apoyo de sus nuevos compañeros, le permitió recuperar la esperanza. Si bien reconoce que nunca se consideró un gran golfista, la experiencia de superarse y de compartir el juego con otros fue suficiente para devolverle las ganas de vivir. “No soy muy bueno en el golf, pero me ha salvado la vida”, admite Duke. “El golf me dio confianza, amistad y ganas de vivir”.

La hazaña de Duke no pasó inadvertida entre quienes presenciaron el histórico golpe. Al ver la pelota rodar hacia el hoyo y finalmente desaparecer, su compañero Kevin no pudo contener la emoción y lanzó su palo al aire, atónito ante lo ocurrido. Incluso los jugadores que transitaban el hoyo siguiente aplaudieron la proeza. Duke bromeó con Kevin: “¿Te gustaría que te ganara un hombre manco?”, frase que ilustra el espíritu combativo y el humor con el que afronta su día a día.

La repercusión de este logro trasciende el ámbito deportivo. Patrick Duke espera que su historia sirva de inspiración para quienes enfrentan situaciones similares. Su mensaje es claro: “Si tan solo una persona pudiera ver esto, incluso si no es golf, solo quiero que la gente sepa que puede haber una vida después de algo así”. Insistió en que, si él pudo sobreponerse y hallar alegría en el golf, otros también pueden hacerlo, sin importar el punto de partida. “Si yo puedo hacerlo, cualquiera puede”.

Hoy, Duke es un referente en su club y un ejemplo vivo de superación. Su recorrido, desde el dolor y la pérdida hasta la celebración y la convivencia, demuestra que la perseverancia y la búsqueda de apoyo pueden abrir caminos insospechados. La ovación recibida aquel día en el campo de Overstone Park es, en palabras de Duke, un recordatorio de que todavía quedan desafíos por conquistar y amistades por disfrutar.

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