Circula en Estados Unidos, un libro titulado The Invisible Coup –El Golpe Invisible– cuyo logline dice: “Cómo las elites estadounidenses y los poderes extranjerCircula en Estados Unidos, un libro titulado The Invisible Coup –El Golpe Invisible– cuyo logline dice: “Cómo las elites estadounidenses y los poderes extranjer

El golpe invisible de México a EU

Circula en Estados Unidos, un libro titulado The Invisible Coup –El Golpe Invisible– cuyo logline dice: “Cómo las elites estadounidenses y los poderes extranjeros usan la inmigración como arma”. El autor es un activista de derecha, amigo de Trump, Peter Schweizer. No he leído la publicación. Me enteré de su existencia, de su temática y de algunos textos, dignos de crítica, por medio de los periodistas Jim Carson y David Brooks, corresponsales en Washington y Nueva York de La Jornada.

El libro, recomendado con entusiasmo por Trump y ya colocado en el nada desdeñable octavo lugar de no ficción en Amazon, nos advierte de un “golpe de Estado invisible” urdido por el gobierno mexicano de Morena, que estaría usando la migración masiva como arma política para influir en elecciones y minar la seguridad nacional de Estados Unidos. El golpe lo califica de invisible, claro, porque si fuera visible habría que demostrarlo.

La tesis central del libro es de una matemática lógica que no resiste el menor análisis: México tiene 53 consulados en Estados Unidos; Inglaterra tiene 6; y China, 7. Conclusión: los consulados mexicanos no son oficinas consulares, sino bases secretas de la Internacional Migrante, una suerte de KGV con café de olla, huaraches y Wi-Fi. El razonamiento está basado en una dialéctica infalible según la cual, si hay más taquerías que pubs, el país está a punto de cambiar de bandera. Schweizer no aporta pruebas de que los funcionarios consulares estén “ocupados” en actividades políticas subversivas; no las necesita. El número, desnudo y provocador, hace todo el trabajo. En The Invisible Coup, la estadística no describe: acusa.

A partir de ahí, el libro se convierte en una ópera bufa donde cada elemento cotidiano es una amenaza existencial con pretensiones de realidad. La migración deja de ser un fenómeno social, económico y humano para convertirse en un misil balístico intercontinental moreno. Los migrantes no cruzan la frontera; avanzan en formación. No buscan trabajo; buscan boletas electorales. No envían remesas; envían instrucciones cifradas. La frontera, en este relato, no es una línea, sino un colador por donde se filtra la soberanía estadounidense, gota a gota, hasta diluirse en salsa verde.

Schweizer también se toma en serio —muy en serio— la idea de que políticos mexicanos están intentando “reconquistar” Estados Unidos. Aquí conviene hacer una pausa para aplaudir la audacia histórica del verbo: reconquistar implica haber conquistado antes. ¿Cuándo ocurrió eso? ¿Fue antes o después de la independencia de Texas? Pero no importa. La reconquista no es territorial, sino “cultural y política”: la separación del suroeste estadounidense para transformarlo en una “civilización mexicana”. El concepto es fascinante porque sugiere que la civilización es contagiosa, como el sarampión, y que basta con escuchar música de mariachi para amanecer destituyendo al sheriff de Arizona.

La paranoia alcanza su clímax, cuando para el autor, la letra del Himno del Migrante es un atentado contra Estados Unidos porque dice: “Y aunque mi certificado de nacimiento dice americano, soy puro mexicano” y “Cambiamos de lugar, pero no de banderas/ Yo tengo el verde, blanco y rojo en mis venas”. En el universo de The Invisible Coup, la metáfora es sedición, la identidad es traición y la poesía es un arma química. No hay nada subversivo, diría cualquier lector normal en que alguien exprese una identidad compleja en un país fundado por identidades complejas.

El autor concluye —con la gravedad de quien anuncia una invasión marciana— que México está usando la migración como arma para minar la soberanía de Estados Unidos. Lo declaró a Fox y lo repite en el libro: “Necesitamos una política de cero tolerancias”, dice Schweizer, dejando claro que su preocupación es que funcionarios y políticos mexicanos estén apoyando a demócratas y a otros opositores a Trump. Ahí aparece, por fin, el verdadero motivo del texto; no es México, no son los consulados, no es el himno. Es la elección.

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