Mucha gente vive preocupada. ¿Pero en qué consiste la preocupación? En una idea en medio de una situación que no nos sentimos capaces de resolver. Esta genera una dosis de ansiedad que nos empuja a encontrar una salida. Pero, si pasa el tiempo y no logramos resolver ese problema, la ansiedad se convierte en angustia.
¿Sos de preocuparte? Te invito a considerar algunas de las señales que nos indican que no podemos hallar una solución a lo que ocurre y nos abruma:
Estos son algunos síntomas de estancamiento que padecemos frente a circunstancias que nos superan, nos preocupan y no podemos resolver. Ahora bien, mucha gente cree que preocuparse es sinónimo de ser responsable. Lo cierto es que la mayoría de nosotros nos preocupamos porque eso es lo que nuestra cultura nos dice que está bien.
Nos preocupamos por imitación. Si mamá y papá eran personas con miedos, muy probablemente nosotros, como hijos, aprenderemos a preocuparnos. Existen tres asociaciones equivocadas que solemos hacer con respecto a la preocupación. A saber:
¿Es posible ser libres de la preocupación? ¡Claro que sí! Te comparto dos ideas prácticas para lograrlo:
Todos podemos vivir libres de la preocupación, pues fuimos creados como hombres y mujeres con la capacidad de ser libres a nivel físico, emocional, mental y espiritual. Aprendamos a relajarnos, sabiendo que para cada dificultad siempre existe una salida, y disfrutar así de vidas sanas y productivas.

