Son 3.000. Van enmascarados. Sin identificaciones. En coches sin ningún distintivo. De repente, se paran, bajan de los coches corriendo, agarran a una persona por su color de piel o su acento, y se lo llevan. Sin mediar palabra, solo empujones, golpes y violencia. Y ya van dos personas asesinadas: Renée Nicole Good, el 7 de enero; y Alex Pretti, el 24 de enero. Ambos de 37 años. Ambas personas nacidas en EE.UU. Y ambas personas que pusieron su cuerpo ante los abusos de los agentes de fronteras federales que siembran el pánico en las calles de las ciudades estadounidenses.
Aparecen sin previo aviso en cualquier calle de Minneapolis, sin órdenes judiciales. Merodean en los comercios, en las puertas de los colegios, en las cafeterías, en las tiendas de materiales de construcción. Porque saben que ahí es donde pueden encontrar a los migrantes latinos que se han convertido en este momento en su principal foco de represión.

