Cruzar el Río de la Plata para ir a competir con un caballo podría ser considerado turismo hípico dada la cercanía y variantes que ofrece unir a la Argentina con Uruguay. Sin embargo, sigue siendo una aventura de riesgo en Sudamérica cualquier traslado por los trámites aduaneros en cámara lenta que le agregan una adrenalina que los animales sólo necesitan sentir cuando se largan a correr. En ese contexto, el triunfo adquiere un valor épico, aunque se trate de una yegua favorita como Martana, que el martes pasado ganó por varios cuerpos en Maroñas el Gran Premio Ciudad de Montevideo (G1) - Presidente Jorge Batlle, la carrera para yeguas más importante del vecino país.
Entrenada por Enrique Martín Ferro en la villa hípica de San Isidro, donde hizo toda su preparación fuerte antes del viaje, se subió a un avión en la noche del último lunes de diciembre y sólo durante la mañana siguiente estuvo otra vez en un box, el que la esperaba con la cordialidad habitual que se recibe a los visitantes en el principal hipódromo charrúa. En el medio, claro, hubo una espera de 12 horas en el procedimiento de exportación, en este caso temporaria. Una semana después, dejó atrás a la burocracia y a las 13 rivales en esos 2000 metros que afrontó con gran autoridad. Se aclimató, se sintió a gusto en la pista de arena como sucede cuando es llevada a Palermo y regresa a casa con la victoria en el más alto nivel internacional que estuvo persiguiendo durante un 2025 que sí incluyó dos éxitos de Grupo 2. Lo que se le negaba en su tierra lo atrapó en la otra orilla, allá en Montevideo.
Martana llegó respaldada de una campaña sólida en esa superficie, pero con un desafío mayúsculo por la necesidad de rendir de la misma manera en su primera travesía en el exterior. Había un hilo rojo que la acercaba al disco de Maroñas, el ámbito en el que se consagró triple coronado invicto en 2005 Invasor, criado por la misma cabaña que esta zaina nacida 18 años más tarde que el campeón que llevó su furia a los Estados Unidos y Dubái. No hay consanguineidad, sino su origen. Y la yegua, a diferencia de aquel que fue vendido antes de dar sus primeros pasos en los hipódromos, sigue representando en las pistas a su criador, Santa Inés, que por aquellos años se denominaba Clausan. Datos de color para los apasionados.
Versátil, la hija de Fortify y Marsigliese corrió cómoda durante todo el desarrollo, se acercó a las vertiginosas punteras cuando Martín Valle, su jockey, decidió que era el momento de cambiar de ritmo y, tras pasar a ganar, se fue afirmando con solvencia, “aunque le costó un poquito cambiar de mano”, confesó, con relación al movimiento que hacen los caballos para alternar el apoyo e impulso para rendir con más eficacia. Dejó a cuatro cuerpos y medio a la brasileña Truco e Flor y tercera arribó, a cuatro cuerpos más, la uruguaya Vecchia Signorina. Para el correntino, quien estuvo en sus riendas también en los siete éxitos previos en la Argentina, incluyendo dos clásicos de G2, fue el inicio de una octava temporada seguida logrando al menos un gran premio. Ya quedó a uno de los 20 en esa categoría.
“No es tan fácil programar una carrera como ésta con el tiempo suficiente y llegar como llegó. Le hice todo en Buenos Aires y después del viaje era que se adapte y mantenerla de galope. Por suerte, cuando vinimos con Martín se subió y la encontró muy bien. Uno espera que se dé todo lo mejor posible y se nos dio”, describió Quique, el entrenador, en su segunda experiencia fuera del país, más allá de que tenga casi un centenar de trofeos clásicos en sus vitrinas. Pese a la incertidumbre de la adaptación, Martín Ferro subrayó en todo momento la atención dentro del hipódromo como para que su yegua se sienta a gusto, al igual que lo hizo Omar Labanca respecto de Storm Sound, el compañero de viaje, que llegó séptimo en el Pedro Piñeyrúa (G3-1600m). “Los primeros días a su arribo hubo un calor bastante intenso en Montevideo, pero desde el viernes cambió el clima como pasó en Buenos Aires y eso fue un aliciente”, sumó Quique otro factor que colaboró en el rendimiento a pleno.
En una jornada cargada de simbolismo para el turf uruguayo, Martana se llevó un triunfo de los que construyen identidad, de los que no se borran con el paso del tiempo. En una campaña tallada con paciencia, eligiendo las carreras que era capaz de pelear –incluyendo dos G1 en los que fue segunda –, sumó prestigio lejos de casa, con jerarquía.
Y para la Argentina, aunque nuestros representantes hagan simple lo extraordinario, fue casi como prolongar una costumbre, dado que es el tercer año seguido que alguno de los clásicos fuertes de la tradicional fecha de Reyes es ganado por un caballo que viajó desde Buenos Aires, como sucedió en 2024 y 2025, cuando Ever Daddy y El Kodigo, respectivamente, se adueñaron del José Pedro Ramírez (G1), la prueba emblema de Maroñas.

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