Yuyo Barragán descubrió una manera de burlar el sistema de autorización internacional de reserva de pasajes aéreos, conocido como SITA y logró viajar gratis porYuyo Barragán descubrió una manera de burlar el sistema de autorización internacional de reserva de pasajes aéreos, conocido como SITA y logró viajar gratis por

Yuyo Barragán, el primer hacker argentino que estafó a Aerolíneas Argentinas y recorrió el mundo

2026/03/05 19:19
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Hay una frase que se repite desde los tiempos del Antiguo Testamento: no hay nada nuevo bajo el sol. Hoy sorprende a la opinión pública la noticia de Juan Ignacio Veltri, el desarrollador informático que está acusado de hackear el sistema de Aerolíneas Argentinas para obtener millas y viajar por el mundo de modo casi gratuito.

Pero este tipo de timos aéreos, con alguna que otra diferencia, tienen un antecesor. Se trata de Raúl Horacio Barragán, conocido por su sobrenombre de “Yuyo”. A fines de los ‘70 y comienzos de los ’80 del siglo pasado, este argentino -munido apenas de un télex y de una precaria tecnología- engañó a numerosas compañías de aviación para viajar prácticamente por todo el mundo. Sin poner un peso, claro está. Y en primera clase siempre.

Yuyo, que decía que su sobrenombre tenía que ver con que “aunque sea difícil encontrarme, estoy en todos lados”, había nacido en Concordia en 1957. Pese a que creció en Concepción del Uruguay, fue en su ciudad entrerriana de nacimiento, a los 21 años, cuando empezó, de casualidad, con su prolífica carrera de hacker aeronáutico.

Un viejo documento de Horacio Luis

Gerente de Aerolíneas

En ese entonces, tiempos de dictadura militar y de la Copa del Mundo de fútbol de Argentina 78, Barragán era gerente de la sucursal de Aerolíneas Argentinas de Concordia. La oficina contaba entonces con un télex (dispositivo previo a Internet que se utilizaba para mecanografiar datos y mensajes) y una línea telefónica. Con esos primitivos elementos, y para resolver una situación apremiante de compra de boletos, el joven gerente descubrió una forma de burlar el sistema. Y con ello, una mina de oro.

Es que en aquel entonces el mecanismo de venta de pasajes permitía que una empresa pudiera entregarlos fuera del país de origen mediante otra compañía. Todo ello dependía de la aprobación del Sistema Internacional de Comunicaciones Aeronáuticas (SITA), que tenía sede en Francia y era la que autorizaba las reservas de todas las compañías aéreas del mundo.

“Esta entidad registra el pedido en su central de Inglaterra. La confirma con su central de Estados Unidos y luego da la orden de emisión en el lugar que corresponda. Por entonces las aerolíneas se pagaban entre sí los viajes que realizaban con otras cada seis meses”, explica el libro Llaneros Solitarios; Hackers, la Guerrilla Informática, publicado en 1995, escrito por Raquel Roberti y Fernando Bonsembiante, que tiene un capítulo destinado a las andanzas de Yuyo Barragán.

Pero para conseguir la aprobación de SITA, Barragán debía comunicarse con la central de Aerolíneas en Buenos Aires.

Juan Ignacio Veltri, el joven acusado de hackear millas de Aerolíneas Argentinas tiene un antecesor en Yuyo Barragán

La primera vez de Yuyo

Pasó una vez que, como tantas otras, la línea telefónica entre Concordia y la Capital Federal se hallaba ocupada. Yuyo, que tenía urgencia por comprar pasajes para unos clientes que estaban en Londres (ganaba una comisión con ello), se dio maña para solucionar el obstáculo. Buscó en guías de tráfico aéreo los códigos y claves que necesitaba para el destino de los tickets y encontró el número de SITA en Buenos Aires. Se comunicó allí, hizo la reserva en nombre de Aerolíneas y poco después tenía la confirmación de los pasajes. Había obtenido los tickets salteando la oficina central de su propia empresa.

Luego de descubrir lo falible del sistema y para poner a prueba su técnica, Barragán generó otro pedido de pasajes. Esta vez, solicitó un boleto prepago con origen en Nueva York. La central de Buenos Aires lo aprobó de inmediato.

Ese año, 1978, Yuyo Barragán se enamoró perdidamente de una empleada de la misma empresa que vivía en Colombia. Y le surgieron unas ganas locas de verla cada fin de semana.

Como su jefe en Concordia no autorizó sus “escapadas románticas”, Barragán volvió a recurrir al télex: falsificó un intercambio de mensajes con el gerente general de Aerolíneas Argentinas en Buenos Aires. Escribió primero un mensaje solicitando permiso para viajar cada fin de semana a Colombia. Luego escribió la respuesta del gerente, aprobando su solicitud y otorgándole además viáticos para cubrir sus gastos en Colombia. En cada correo copió al jefe en Concordia, quien no tuvo más remedio que aceptar su derrota y autorizar a Barragán.

Una máquina de télex, el dispositivo para transmitir mensajes y datos vía coaxil que se utilizaba en los tiempos previos a la Internet

Escape a Brasil

De acuerdo a la ruta de estafas trazada en el mencionado libro de Roberti y Bonsembiante, Yuyo Barragán se cansó de viajar por el mundo una vez que descubrió cómo hacerlo. En una entrevista de años posteriores, el hacker se jactaba de conocer de memoria alrededor de 120.000 claves de navegación.

En 1982, una de sus operaciones levantó sospechas. Un gerente de la neerlandesa KLM encontró extraño el pedido de un pasaje de su compañía realizado desde Rosario con origen en Tel Aviv. Hizo consultas en las oficinas de ambas ciudades y nadie sabía nada.

Yuyo intuyó por la demora del trámite que su maniobra había sido develada. Se sintió acorralado y huyó a Brasil. Allá siguió con su raid delictivo: aprovechó sus conocimientos y consiguió pasajes gratuitos de la empresa Varig. Pero esta vez, por primera vez, no lo hizo para viajar.

Yuyo imprimía pasajes y los revendía al 50 por ciento de su valor de mercado. Todo marchaba bien hasta que, otra vez, una sospecha casi lo deja en jaque. Un brasileño, hermano de una mujer que compró un pasaje a precio de ganga, supuso que había algo extraño en esa adquisición. Averiguó el nombre de quien había realizado la operación y lo denunció.

Yuyo Barragán, con un pasamontañas, en una entrevista en el programa de Susana Giménez en la década del 90

La policía detuvo a Barragán. Era una noche de enero de 1983. Las autoridades de Varig se acercaron al lugar donde estaba el hacker para decirle que si les contaba cómo había realizado las estafas y qué códigos había utilizado, lo dejarían en libertad. Barragán aceptó, pero pidió por favor que el intercambio se hiciera a la mañana siguiente, porque se encontraba extenuado. Esa noche se fue a dormir a un hotel.

A la mañana siguiente, cuando llegaron los de Varig, descubrieron que Yuyo se había esfumado. Había volado a Buenos Aires gracias a un pasaje San Pablo-Montevideo de la propia Varig, que endosó a Iberia. Está claro que el fugitivo huía con una certeza: nunca más podría volver a pisar suelo brasileño.

Un 727 de Aerolíneas Argentinas, que comenzó a volar en la compañía aérea de bandera en 1978, año en que Yuyo Barragán comenzaba a obtener vuelos gratuitos

Pasajes para los comisarios

En Buenos Aires, el hacker continuó con la reventa de pasajes. Aceptaba tanto dinero como otros bienes materiales. Así, en febrero de 1983, recibió un Rolex como forma de pago. Como el lujoso reloj no funcionaba, Barragán lo llevó a arreglar. El problema llegó cuando fue a retirarlo y le pidieron el certificado de compra, que por supuesto no tenía. Y fue nuevamente detenido.

En Hackers... se cuenta un episodio delirante protagonizado por Yuyo Barragán en la dependencia de la Federal. El hacker pidió utilizar el télex y les preguntó a los dos comisarios que lo interrogaban a qué lugar del mundo querían viajar. Ante el silencio atónito de los uniformados, el propio detenido decidió que sería a Europa. A continuación, pidió y anotó el nombre de los policías y también el de sus esposas.

“¿Vos nos estás tomando el pelo, pibe?“, le preguntó uno de los oficiales. ”Ya pueden ir a buscar los pasajes a la sucursal de Lufthansa“, les respondió tranquilo el muchacho.

En efecto, los comisarios mandaron a uno de los agentes a la oficina de la compañía aérea alemana y a los pocos minutos regresó con los cuatro pasajes impresos.

En esa misma sede policial, el hacker explicó su modus operandi. La declaración está transcripta en la obra de Bonsembiante y Roberti.

Los periodistas Raquel Roberti y Fernando Bonsembiante escribieron en su libro Llaneros solitarios una historia de la vida y la obra de Luis Horacio

“Las líneas tienen muchas dificultades. No sé si habrán notado que casi siempre los pasajes vienen con un error en el nombre. Los que pedía para mí decían ‘Baragan’, con una sola erre. Eso es basura del satélite y las compañías aéreas lo saben. Ante cualquier inconveniente uno muestra el documento, se dan cuenta de que es un error de transmisión, y listo!”.

La declaración continua: “¿Qué hacía yo? Descubrí que si al final del mensaje metía una orden de retorno para el carro (similar al enter de las computadoras) y en la línea siguiente ponía cuatro eles mayúsculas, cerraba el circuito. Doy un ejemplo: mandaba un mensaje a PanAm San Francisco ordenando un pasaje con origen en Milán para tal recorrido, a ser endosado a Aerolíneas Buenos Aires o a Varig Río de Janeiro. El operador norteamericano que está mirando la pantalla lo ve entrar. Supongamos que se le ocurre verificarlo, cosa que casi nunca se hace. Cuando va a intentarlo, se cuelga el sistema. ¿Cómo iba a saber que era yo el que lo hacía a propósito? Tenía que apagar y reencender las máquinas y para cuando terminaba de hacerlo ya se había olvidado”.

Libre a los cuatro días

A los cuatro días de estar detenido, Yuyo salió de la comisaría libre de culpa y cargo. Ninguna compañía aérea formuló cargos contra él. Corrían el riesgo de que, si la historia se sabía, podían perder credibilidad ante sus clientes, lo que provocaría un daño mayor al que les había infligido Barragán.

Sin embargo, las empresas de aeronavegación no se quedaron con los brazos cruzados al conocer el accionar del argentino. Sus autoridades hicieron un cónclave en París y se determinaron varios cambios en materia de seguridad. Se modificaron los códigos, se crearon sistemas de verificación y se estableció que realizarían el clearing cada 32 días.

Los Pericos sacaron el álbum Big Yuyo en 1992

Se estima que, en toda su trayectoria de embustes a las compañías aéreas, Barragán habría obtenido sin costo entre 600 y 1000 pasajes. Si se calcula por cada ticket los 5000 dólares que les asignaba SITA entonces, el número de la estafa puede alcanzar los cinco millones de dólares.

Los Pericos, el juez Galeano y la cárcel de Caseros

Pero faltaba aún un capítulo más en los choques de Barragán con la ley. En 1993, Los Pericos hicieron una gira por Latinoamérica y Miami. En Caracas, los managers de la banda se dieron cuenta de que los pasajes que tenían eran robados.

El representante de la banda, Pablo Urbano Hortal, aseveró, en rueda de reconocimiento, que quien le vendió los tickets había sido Yuyo. Sin embargo, otro integrante del grupo que también había estado en la transacción, no logró identificar al hacker.

Lo que es curioso es que los boletos de Los Pericos eran efectivamente robados, algo alejado del accionar de Barragán, que obtenía los pasajes de manera legal, aunque con pedidos engañosos.

Paradójicamente, un año antes, la banda liderada entonces por el Bahiano, había publicado un álbum con un título que parece dedicado: “Big Yuyo”.

Lo cierto es que el juez Juan José Galeano, recordado por llevar por años la causa AMIA, decretó la prisión preventiva para Barragán, que pasó entre el 94 y el 97 recluido en la ya clausurada cárcel de Caseros.

Yuyo Barragán estuvo tres años en la cárcel de Caseros

Tras abandonar la prisión del barrio porteño de Parque Patricios, Yuyo desapareció de la luz pública. Falleció en Concepción del Uruguay el 1 de agosto de 2013. Tenía 56 años y había alcanzado un título que perduraría luego de su muerte: el de ser el primer hacker argentino.

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