Apertura de las sesiones Legislativas 2026. Javier MileiApertura de las sesiones Legislativas 2026. Javier Milei

Un show de agravios sin anuncios

2026/03/02 11:05
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El tono, las formas, el énfasis, las chicanas, los insultos, la provocación a los opositores y la generalidad de los anuncios sin precisiones. Todo fue formateado para resaltar que, en su tercera apertura de sesiones ordinarias del Congreso, Javier Milei goza de una fortaleza política superestructural sin precedente desde que asumió la Presidencia.

El exaltado show montado por el propio Presidente, en medio de un largo e interrumpido (por él mismo) recordatorio de logros propios, resultó la contundente representación del profundo cambio en la correlación de fuerzas favorable al Gobierno, que empezó a gestarse con el triunfo en las elecciones legislativas de octubre pasado. Nada pareció improvisado. Ni el escándalo.

Por primera vez y sin que hubiera una ausencia masiva de opositores, la tumultuosa sesión demostró que la Asamblea Legislativa es controlada por La Libertad Avanza, aunque sus senadores representen el 33 por ciento del cuerpo, y los diputados libertarios, el 36% de la Cámara baja. A lo largo de la presentación presidencial, el oficialismo hizo gala de esa singular mayoría que excede a las matemáticas, gracias a aliados incondicionales, opositores dialoguistas y adversarios impotentes y en agudo retroceso.

El Presidente eligió a sus adversarios en el recinto −kirchneristas e izquierdistas− y los llevó al barro de los agravios, en el que se mueve con pericia. Se exaltó arropado e incitado (aunque no hiciera falta) por los aplausos y cánticos de los legisladores propios y también de algunos ministros particularmente eufóricos, como el titular de Economía, Luis “Toto” Caputo, que tuvo el reconocimiento presidencial.

Sin competencia auditiva, Milei abusó del monopolio del micrófono, no solo para atacar a kirchneristas y diputados de izquierda, sino también a los empresarios con los que se ha ensañado el último mes y a los que mencionó por sus apodos agraviantes al menos cuatro veces. También para denunciar supuestas conspiraciones empresariales, mediáticas y políticas.

Al mismo tiempo, la transmisión televisiva oficial expuso las disputas internas en el Gobierno, a las que, en algún momento, Milei aludió. Así, los televidentes nunca vieron el encuentro del Presidente con la vicepresidenta Victoria Villarruel, cuya relación pasa por su peor momento. Tampoco se enfocó al asesor Santiago Caputo, sobre quien la hermanísima Karina Milei ha desatado una ofensiva que pretende ser definitiva. Los soldados de Las Fuerzas del Cielo presentes también fueron invisibilizados.

El monopolio del micrófono hizo que solo algunas de las réplicas y acusaciones de los opositores pudieron resultar entendibles para la ciudadanía cuando el propio Milei las reproducía para devolverlas recargadas en un contraataque furibundo, antes de retomar el hilo del discurso escrito, que, probablemente, solo él pudo haberlo seguido en su totalidad.

Los más duros opositores, en minoría absoluta y reunidos en torno de las bancadas peronista y de la izquierda, se prestaron al juego y lanzaron acusaciones en las que le recordaron a Milei, algunos de los escándalos que lo salpicaron el año último, como el de las presuntas coimas en la Agencia Nacional de Discapacidad (Andis) y el caso $LIBRA, que había estallado dos semanas antes de la apertura de sesión del año pasado.

Milei les retrucó reiteradas veces con la mención a la condena a Cristina Kirchner y puso a su lado a todo contradictor. Mileísmo en auge o kirchnerismo en decadencia. Nada más. La mira está puesta en 2027.

Como Milei lo resaltó y lo blandió a modo de arma para fustigar a los opositores, en los últimos dos meses el Parlamento le ha sonreído como nunca, al aprobarle todos los proyectos que envió a sesiones extraordinarias. Aunque es cierto que debió hacer concesiones y sacar a relucir una actitud negociadora sin precedente, que lo llevó a ceder varios artículos. Minucias.

Más pasado que futuro

El pasado y la pesada herencia dejada por el gobierno kirchnerista de Alberto Fernández y Cristina, así como los logros alcanzados en la primera mitad de su mandato dominaron algo más de la hora inicial de discurso. Los anuncios debieron esperar.

La primera alusión al futuro llegó a las 22.05 cuando se atrevió a declarar que “la malaria ha terminado”, y a sostener: “Estamos ante un resurgimiento económico”. Aun cuando la cortina musical de la realidad esté dominada por sonoros ruidos en la economía.

Por eso, tal vez, Milei hizo un alto en su alocución para subrayar su fortaleza política y le dedicó un caluroso reconocimiento a las dos cámaras del Congreso, un poder del Estado que hasta ahora había sido objeto de durísimos ataques suyos. Tiene mucha lógica. Desde el 10 de diciembre pasado, todo ha sido ahí ganancias oficialistas y derrotas sonoras de una oposición diezmada y fragmentada como nunca.

Sobre ese piso que le ofrece lo que calificó “la composición del Congreso más reformista de la historia”, Milei se dedicó a anunciar, sin dar detalles, nuevas reformas.

La superficial enunciación empezó por anticipar cambios en las leyes electorales, que, según ha trascendido, incluirían la eliminación definitiva de las elecciones Primarias Abiertas Obligatorias y Simultáneas (PASO). Dificultar la construcción de una alianza opositora es una prioridad para el período legislativo ordinario que acaba de ser inaugurado.

La exaltación y los ataques a los adversarios elegidos resaltan, antes que disimulan, que llegó a esta apertura de sesiones con dificultades en las dimensiones socio-económicas.

Milei ya no pudo exhibir el registro impoluto en la lucha contra la inflación, que volvió al centro de la agenda pública, ni con la potencia de la esperanza intacta en materia económica. Más que una paradoja para el economista y outsider político que llegó a la Presidencia, se trata de un enorme y complejo desafío que debe enfrentar.

El cierre de empresas y destrucción de puestos de trabajo acentuado desde hace dos meses, que puso al empleo en la cima de las preocupaciones de los argentinos, así como la caída del consumo conforman un telón de fondo bastante poco confortable.

Por eso, Milei optó por el uso a favor de algunos recursos estadísticos, como el que muestra que el desempleo no creció, aunque ese resultado se deba a que los más de 200.000 puestos destruidos en el sector formal fueron compensados por el gran aumento del rubro de los cuentapropistas y de los trabajadores informales.

Los reiterados elogios a Luis Caputo y su equipo económico también procuraron disimular la preocupación que hay en ese terreno dentro del oficialismo y los reclamos que habría expresado el Presidente para lograr una recuperación.

La caída en el consumo está en el centro de la inquietud y, por eso, altas fuentes del Gabinete anticiparon que se evalúan medidas para tratar de revertir esa situación. Entre ellas se menciona una baja de tasas.

“Es imprescindible y urgente que haya un poco más de plata en la calle, si no vamos a estar muy complicados muy pronto”, admitió uno de los principales ministros mileístas.

La interna presente

No todo es paz y armonía en el Gabinete y en el oficialismo. Los nervios y la exaltación no son solo una representación para la tribuna.

En ese plano, adquiere mayor relevancia el inminente cambio en el Ministerio de Justicia por el alejamiento ya decidido de Mariano Cúneo Libarona, que se produciría al regreso del Presidente de su próximo viaje a Estados Unidos.

Según altas fuentes, Karina Milei está decidida a imponer su preferencia y sumar otro territorio en su avance sobre Santiago Caputo, cuya influencia se propone recortar al mínimo. Así ya habría vetado a algunos candidatos, entre los que se menciona al exintendente de Mar del Plata y legislador bonaerense, Guillermo Montenegro, según reconocen integrantes del gabinete enrolados con la hermanísima. Habrá que ver si, esta vez, su hermano le concede ese viejo deseo hasta hoy insatisfecho.

Por otra parte, entre las ausencias que hubo en la extensa y dispersa presentación presidencial se destacó la noticia que había dominado las horas previas a la inauguración de las sesiones: la liberación del gendarme Nahuel Gallo por parte del régimen venezolano, después de 448 días detenido.

Gallo había sido un símbolo en el enfrentamiento de Milei con el chavismo, pero su liberación por la aparente intermediación del cuestionadísimo presidente de la AFA, Claudio “Chiqui” Tapia, y no por gestión del Gobierno, fue un golpe no esperado, que, para peor, desplazó el foco de la atención pública antes de la apertura de las sesiones.

Así, el tenor y el volumen de la actuación presidencial, con los ataques constantes a los opositores y contradictores, apuntaron a recuperar la centralidad.

Los anuncios de los proyectos de ley que el Poder Ejecutivo enviaría al Congreso para ser tratados en las sesiones ordinarias quedaron para otra oportunidad. El show y la intolerancia ganaron la escena.

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