Esta necesidad cotidiana, a la que ya estamos muy acostumbrados, ha implicado que durante años hemos estado cediendo constantemente información personal.Esta necesidad cotidiana, a la que ya estamos muy acostumbrados, ha implicado que durante años hemos estado cediendo constantemente información personal.

La nueva forma de autenticación digital: menos datos, privacidad por diseño

2026/02/23 19:23
Lectura de 4 min

En un entorno digital cada vez más interconectado, verificar quiénes somos se ha vuelto una práctica de rutina para acceder a prácticamente cualquier servicio en línea. Esta necesidad cotidiana, a la que ya estamos muy acostumbrados, ha implicado que durante años hemos estado cediendo constantemente información personal.

Nunca habíamos estado tan conectados… ni tan expuestos. Hoy ejemplos sobran: desde abrir una cuenta en redes sociales hasta usar una aplicación de citas, debemos comprobar quiénes somos. Además, cuando es necesario comprobar que somos mayores de edad, también necesitamos compartir documentos con gran cantidad de nuestra información y datos personales. La confianza digital se ha construido acumulando datos y ese proceso tan cotidiano implica una cesión constante de nuestra privacidad.

El contexto mexicano ilustra con claridad el reto al que nos enfrentamos como humanidad. Según el informe Phishing en México: Amenaza Creciente y Llamado a la Acción de The Competitive Intelligence Unit: en 2024 se registraron más de 6 millones de fraudes cibernéticos y 13.5 millones de víctimas de phishing. Siete de cada 10 fraudes en México fueron en línea, a través del comercio por internet, banca en línea, operaciones por internet o pagos con celular. Es decir que cada número de identificación compartido, cada fotografía subida, representa una potencial brecha de seguridad. A más información circulante, más riesgo de que su uso sea indebido.

Frente a este dilema, empresas, gobiernos y personas nos preguntamos cómo garantizar la autenticidad en línea sin comprometer nuestra privacidad y manteniendo nuestra seguridad. La respuesta viene, precisamente, de uno de los avances tecnológicos más recientes: las pruebas de cero conocimiento o ZKP (zero knowledge proofs) por sus siglas en inglés. Estas son herramientas que permiten verificar hechos o atributos específicos como nacionalidad, ser una persona real y única o mayoría de edad, sin revelar los datos que los sustentan.

La autenticación basada en ZKP representa un enfoque prometedor que puede brindar mayor control a las personas sobre sus propios datos. Además, esta tecnología fortalece la seguridad de las plataformas y servicios digitales.

A diferencia de los métodos tradicionales de verificación que recolectan información personal, como el Know Your Customer (KYC), que seguirá teniendo su razón de ser para servicios específicos, las ZKP generan pruebas matemáticas vía criptografía avanzada que acreditan condiciones específicas sin transmitir datos personales. La verificación ocurre directamente en el dispositivo electrónico del usuario y la aplicación o el servicio que requiere la información recibe sólo lo estrictamente necesario: una confirmación de “sí” o “no”. Ni nombres, ni documentos, ni historiales que puedan filtrarse o ser mal utilizados.

Por ejemplo, si una persona usa una aplicación de citas en línea y debe comprobar que tiene más de 18 años, ya no tiene que compartir información identificable. Simplemente se generaría una prueba de cero conocimiento que brindara certeza al servicio que requiere probar esa característica de la persona usuaria.

Aunque puede suceder que algunos dispositivos electrónicos de baja gama tengan desafíos de compatibilidad con las ZKP, estas herramientas permiten autenticaciones funcionales sin comprometer la privacidad. La información nunca abandona el dispositivo de la persona ni se comparte con terceros. En esencia, se elimina la necesidad de datos desde el principio.

A manera de analogía, una forma sencilla de entenderlo es imaginar que alguien quiere probar que conoce la salida de un laberinto, pero sin mostrarte el camino. Entra, da unas vueltas y sale justo por donde tú le pides, una y otra vez. Después de observar que lo hace varias veces, estás convencido de que sabe la salida o la respuesta, sin haberla visto. Esa es la esencia de una prueba de cero conocimiento: demostrar que se sabe o se prueba algo, sin revelar el secreto.

Esta nueva tecnología de autenticación redefine la confianza digital. Los casos de uso son diversos, desde probar humanidad o nacionalidad para acceder a subsidios o programas sociales hasta verificar la mayoría de edad para usar aplicaciones de citas o entretenimiento. Lo fundamental: protege la privacidad, fortalece la seguridad y devuelve a las personas el control sobre su información.

En un entorno digital en el que la confianza se ha vuelto un bien escaso, avanzar hacia modelos de autenticación que minimicen la exposición de datos personales no es solo “otra” innovación tecnológica, es una necesidad clave de política pública. Si México aspira a convertirse en un referente regional en protección de datos y ética digital, es momento de poner a la privacidad en el centro de cualquier diseño tecnológico.

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