La abstención no es el camino. Hoy como antes la abstención sólo beneficia al régimen. Hay que ejercer el derecho al voto, pero si ningún partido representa al La abstención no es el camino. Hoy como antes la abstención sólo beneficia al régimen. Hay que ejercer el derecho al voto, pero si ningún partido representa al

¡Ahí vienen los nuevos partidos!... ¿Y alguien brinca de emoción?

2026/02/12 15:30
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El plazo para acreditar los requisitos para convertirse en nuevo partido político en México vence el 28 de febrero y, hasta ahora, al menos tres agrupaciones ya reunieron lo necesario y sólo están a la espera de que el INE valide sus procesos para nacer como partidos. ‘¡Uy, qué entusiasmo!’, dijo nadie…

¿En verdad es lo que necesitamos? ¿Alguien, más allá de los que contribuyeron para lograr las afiliaciones y asambleas necesarias, estará deseoso de tener tres nuevas estructuras de burocracia partidista financiadas con nuestros impuestos?

Algunos dirán que sí, que fomentar la pluralidad política y diversificar las opciones es justamente lo que se necesita en un contexto donde el oficialismo pretende instaurar un sistema de partido único, hegemónico y avasallador. Suponiendo sin conceder –como reza la muletilla leguleya– que así sea, ¿son realmente esos partidos los que México está esperando? Veamos:

CSP –y no, no es por Claudia Sheinbaum Pardo, por ridícula que parezca la “coincidencia”– es uno de los inminentes “nuevos” partidos políticos. De tendencia evangélica y afín a la ‘4T’, Construyendo Solidaridad y Paz es encabezado nada menos que por Hugo Eric Flores… Sí, el mismo que hoy día es diputado de Morena y que ostentó la patente del PES (primero Partido Encuentro Social y luego Partido Encuentro Solidario). Ese partido que logró la patriótica hazaña de llevar a la gubernatura de Morelos a esa finísima persona de nombre Cuauhtémoc Blanco.

El PES de Hugo Eric se embolsó, entre 2014 y 2021, la friolera de mil 154 millones 806 mil 561 pesos del erario, ahí nomás.

La segunda alternativa con la que contarían los mexicanos para cruzar la boleta en 2027, por si les guiña el ojo eso de ser ultraconservador, es México Tiene Vida, organización liderada por el empresario regiomontano Jaime Ochoa Hernández, que tiene “como centro y columna vertebral a la familia”, según su declaración de principios.

México Tiene Vida –cuya semilla es el partido local Vida Nuevo León– tendrá que pasar por el escrutinio del INE y deberá ser meticuloso, pues de acuerdo con una nota de Ernesto Núñez en El País (06/01/26), “funcionarios electorales y promotores de otros partidos en formación han señalado que la organización comenzó a agendar asambleas ‘de la noche a la mañana’ y a registrar una actividad inusual en la aplicación electrónica habilitada por el INE para reclutar a sus afiliados”.

Y finalmente Somos México, que muchos identifican más como ‘el partido de la Marea Rosa’, que si bien tiene entre sus afines o impulsores a personajes respetados como José Woldenberg, buena parte de sus cartas fuertes son más de lo mismo, personajes reciclados, como los experredistas Guadalupe Acosta Naranjo o Carlos Navarrete, o expriistas como Enrique de la Madrid, o expanistas como Gustavo Madero… Por no hablar de Claudio X. González, que más que aportar quizá le reste al variopinto conglomerado.

Ahora bien, ¿quiere decir eso que con los partidos que hoy tenemos debemos estar contentos? No. El desprestigio de sus principales figuras pesa como un lastre sobre ellos. A quién le va a inspirar el estilo bravucón y barbaján de Alito Moreno, el dirigente de lo que queda del PRI, a quien, aunque pregona que un juez lo exoneró de “calumnias”, la fiscalía de Campeche le mantiene abierta una investigación por sus 47 propiedades, “incluida la mansión de 128 millones de pesos vía la simulación de donaciones, y el presunto desvíos de 82 millones de pesos durante su gestión como gobernador” (Proceso, diciembre 2025).

¿Habrá mucho entusiasmo por Morena ahora que Adán Augusto López, con todos los señalamientos en su contra –el de su vínculo con el líder de La Barredora, por citar sólo uno–, va a hacer trabajo político en territorio? ¿O Saúl Monreal queriendo suceder a su hermano David en Zacatecas? ¿Logrará Jorge Romero y sus remedos de grandilocuencia “mover conciencias”, como anhelaban los panistas de abolengo, con su historial de presuntos negocios inmobiliarios turbios en Benito Juárez? ¿Acaso se ve muy bien MC haciendo gala de nepotismo queriendo apuntalar a Mariana Rodríguez para suceder a su esposo en la gubernatura de Nuevo León, o queriendo pepenar panistas inconformes en León?

¿Cuáles son entonces las opciones que tiene la ciudadanía si ninguno de los partidos, actuales o los nuevos, le convence? La abstención no es el camino. Hoy como antes la abstención sólo beneficia al régimen. Hay que ejercer el derecho al voto, pero si ningún partido representa al ciudadano o éste no comulga con lo que postula, ¿por qué a fuerza darle el voto a uno? Una alternativa tendría que ser el voto nulo. Pero no que sea nulo porque se marcó de manera incorrecta la boleta, sino que verdaderamente sea una expresión de rechazo, que deje manifiesto su desacuerdo con las opciones, si es el caso.

¿A final de cuentas serviría de algo? En principio no, a menos que… el voto de rechazo tenga consecuencias, como lo plantea Arturo Castillo, consejero del INE. En su argumentación en contra del recorte de presupuesto al organismo electoral y a los partidos a rajatabla, Castillo hace una propuesta interesante: sujetar la bolsa de financiamiento de partidos al descontento ciudadano.

En conversación con esta columna, el consejero explica: “Si el problema con el financiamiento de los partidos es que no estamos de acuerdo con su desempeño, entonces vinculemos la bolsa de recursos a la aprobación ciudadana. ¿Qué tal si a la bolsa global fija que se calcula cada año le restaras el porcentaje de voto de rechazo que se manifestó en la elección inmediata anterior? Entonces le das a la ciudadanía una herramienta directa para manifestar su desacuerdo y además le estás dando un efecto real” al voto nulo.

No se trata de ondear el estandarte del anulismo, sino de empoderar al ciudadano para exigir a los partidos, que son entidades de interés público, que cumplan con las expectativas de los gobernados. Se antoja difícil que una propuesta de esta naturaleza llegue a buen puerto, pero al menos ahí está el planteamiento para el debate público.

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