Germán Sensi, padre damnificadoGermán Sensi, padre damnificado

El relato de las familias del colegio porteño que cerró y la búsqueda “en estampida” de vacantes

2026/02/06 06:17
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“Terminamos el ciclo lectivo de manera normal. Se entregaron diplomas, se pagaron las matrículas, se abonó diciembre. Nada indicaba que algo no fuera a continuar”, cuenta a LA NACION Germán Sensi, padre de dos estudiantes del Instituto Formar Futuro, en Villa Real. Una de sus hijas finalizó séptimo grado; su hijo pasó de segundo a tercero del secundario. “Confiábamos plenamente en que el ciclo 2026 iba a comenzar con normalidad. Incluso ya estaba hecha la inscripción”, agrega.

En su caso, abonaron la matrícula en octubre: $278.000 por cada uno de sus hijos. A eso se sumaron las cuotas de diciembre. El pago total fue de $870.100.

El Instituto Formar Futuro, ubicado en la calle Simbrón 5490, en el barrio porteño de Villa Real, cerró de manera abrupta y dejó a más de 300 estudiantes sin colegio y a más de 50 docentes y empleados sin trabajo. La noticia fue comunicada por mail a la comunidad educativa, sin firma ni responsables identificados. Tras el envío, la institución cerró su página web y también dio de baja su Instagram. Al momento, sigue sin haber ningún comunicado ni contacto con las familias.

Factura pagada de la matrícula de uno de los alumnos por el  monto de $278.000

Con el paso de los días, las familias comenzaron a reconstruir qué había ocurrido. El próximo lunes 9 de febrero, desde las 9, se reunirán en la puerta del colegio para reclamar respuestas. “Ahora nos enteramos de que la sociedad estaba en convocatoria de acreedores desde febrero de 2025. Durante todo el año nos cobraron las cuotas y, en octubre, cuando nos ofrecieron pagar la matrícula con descuento si la abonábamos toda junta, ellos ya sabían que esto no iba a suceder. Lo que no sabíamos éramos nosotros ni tampoco el personal”, señala Sensi.

Como él, cientos de familias recibieron el aviso cuando el año ya había terminado y con los pagos realizados. “Pagamos matrícula, pagamos diciembre, y después nos enteramos. Fue intempestivo”, resume. “Creemos que su idea fue cobrar e irse. Nos estafaron”.

Sensi destaca que la elección del colegio no fue casual. “Confiábamos mucho en la calidad del cuerpo docente y no docente y en la propuesta educativa. Siempre estuvimos conformes con la formación de nuestros hijos”.

Captura de pantalla del grupo de Whatsapp de los padres de 7mo grado del Instituto Formando Futuro

Según lo denunciado por docentes y confirmado por el Sindicato Argentino de Docentes Privados (Sadop), los trabajadores no cobraron los salarios correspondientes a diciembre de 2025. La escuela recibía un aporte estatal para el pago de los haberes docentes, canalizado a través de la Dirección General de Educación de Gestión Privada (Dgegp).

El Ministerio de Educación porteño confirmó que inició acciones legales contra los responsables del instituto y dijo que trabaja para reubicar a los alumnos en otros establecimientos. Según cuentan las familias, la respuesta fue enviar un listado de escuelas cercanas. “Eso lo puede sacar cualquiera. Yo lo puedo googlear. El problema no es la lista: es dónde hay lugar, quién te recibe, y en qué condiciones”, describe Silvia Luna, madre de cuatro hijos y esposa de Sensi.

Mientras tanto, las familias y los trabajadores intentan reorganizarse sin documentación escolar, sin respuestas institucionales y con el inicio del ciclo lectivo cada vez más cerca.

Denuncia de Sindicato Argentino de Docentes Privados (SADOP)

Puertas abiertas

Para Luna, madre de cuatro hijos y esposa de Germán Sensi, el cierre no solo implicó perder una vacante, sino también un proyecto educativo difícil de reemplazar. “Era una escuela laica, con un trabajo muy fuerte en integración. Funcionaba muy bien el gabinete psicopedagógico, y las autoridades estaban muy comprometidas con esas cuestiones”, explica en diálogo con LA NACION.

Luna llegó al colegio después de una experiencia traumática en otra escuela. “Tuvimos problemas de bullying. Nos negaron la vacante no solo a uno de mis hijos, sino también a su hermana. Estábamos rotos. Esta fue la única escuela que nos recibió”. Con el tiempo, dice, volvieron a elegirlo: “Después llegaron mis otros hijos y, aun teniendo opciones, volvimos a elegir esta escuela”.

La inclusión, señala, era remarcable: “Había chicos con maestra integradora, con certificado de discapacidad, con proyectos pedagógicos individuales. Otras escuelas directamente no los aceptan. Acá la idiosincrasia era de puertas abiertas”.

Hoy, esa característica vuelve aún más compleja la búsqueda. Valentín, el hijo que pasará a tercer año del secundario, tiene certificado de discapacidad, requiere acompañamiento y es un adolescente trans. “No elegiría un colegio religioso. Aunque exista la ley de identidad de género, una sabe que no todos los espacios están en la misma línea. Y encontrar una escuela con estas características, en la zona, es muy difícil”.

El Instituto Formar Futuro cerró definitivamente luego de cobrarle las inscripciones a los padres

A eso se suma que en noviembre, Valentín estuvo internado en un tratamiento psiquiátrico. “Se enteró del cierre estando internado. Esto le generó muchísima ansiedad y temor. Para cualquier adolescente el colegio es clave, pero en su caso impacta directamente en su salud mental”.

Xiomara, su otra hija de 13 años, está en proceso de adopción. Silvia cuenta que la noticia le generó inseguridad y ansiedad, al sentir que podía intervenir en el proceso. “Con todo esto se asustó, piensa que le va a afectar en el hecho de quedarse con nosotros”, describe Luna.

Las familias cuentan que el aviso llegó en pleno receso de verano. “Aunque hubiéramos querido salir a buscar colegio, estaba todo cerrado”, cuenta Luna. “Recién ahora empiezan a abrir. El 9 de febrero vamos a ser más de 200 familias en estampida, viendo a dónde ir primero”.

Captura de pantalla del grupo de Whatsapp de los padres de 7mo grado del Instituto Formando Futuro

Un cierre planeado

Frente al silencio de los responsables legales, las familias comenzaron a organizarse por su cuenta. “Estamos en contacto permanente, tratando de conseguir vacantes como grupo. En mi caso, somos 18 alumnos de un mismo año. La idea es no desarmar completamente los grupos”, dice Sensi.

El impacto no es solo académico. “Mis amigos son los mismos desde el colegio. Eso se pierde. Los de quinto año iban a egresar juntos, algunos estaban desde nivel inicial. Hoy no sabemos si van a poder hacerlo”.

Javier, portero del colegio, que trabajó desde el 2013 en la institución, reflexionó: “Para mí significaba cariño: con las familias, con los alumnos, con el grupo docente y directivo. Ahora siento decepción, tristeza. Más que nada, una inmensa tristeza por los alumnos”. Como los demás, él también se enteró del cierre por mail y probablemente iniciará acciones legales. “Tengo una mezcla de sensaciones encontradas. Angustia”.

En los primeros días de diciembre nos informaron que no íbamos a cobrar el sueldo. Pensamos que era una situación pasajera, pero con el paso del tiempo nos dimos cuenta de que no. Los dueños desaparecieron y quedó toda una comunidad educativa devastada”, contó a LA NACION una docente que pidió reserva por temor a no ser tomada en otros trabajos.

Y agregó: “El colegio era muy importante para nosotros. Es una institución donde nos conocemos todos con todos y nos respetamos mucho e intentamos generar lazos de confianza con los chicos, que son los que hacen posible un aprendizaje significativo. Al Instituto Formar Futuro llegaron estudiantes que no sabían lo que era tener amigos y ahí comenzaron a tener grupos, a poder expresarse. Estábamos muy presentes en la vida de cada uno”.

Además de las materias curriculares, explica, el colegio abordaba contenidos transversales. “Yo a los chicos les enseñaba educación sexual, violencia de género, taller de consumos problemáticos, análisis de la sociedad, neurociencias. Tengo un programa muy variado y muy importante para estos tiempos. Ahora no sé en dónde se irá cada uno. Solo espero que se sientan, en otros lugares, como nosotros los hacíamos sentir”.

Como las familias, la docente sostiene que el cierre no fue improvisado. “De un momento a otro, de forma planificada, bajaron las persianas de la escuela. Todos esos pibes y esas familias que confiaban tanto en nosotros quedaron en la calle. Y nosotros también: sin sueldo, sin trabajo”.

Tanto los padres como el cuerpo docente y los alumnos cuentan que el colegio se sostenía a partir de un trabajo conjunto. Juntaban firmas para arreglos, organizaron el kiosco escolar para juntar fondos: gran parte de la vida cotidiana de la institución se resolvía desde adentro. “Íbamos con frazadas y ponchos. Los padres y los docentes se organizaron siempre”, recuerda una exalumna sobre cómo avanzaron ante la falta de calefacción. “Sacando a los dueños, el resto de la institución funcionaba”, resume Luna.

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