MINNEAPOLIS.– Tom Homan, el zar fronterizo del gobierno de Donald Trump, anunció el retiro inmediato de 700 agentes federales del estado de Minnesota, aunque continuarám los operativos policiales que provocaron semanas de tensiones y enfrentamientos mortales.
La decisión llegó tras un acuerdo de cooperación entre la Casa Blanca y las autoridades locales, que aceptaron entregar a inmigrantes bajo custodia en las cárceles estatales.
Por su parte, Trump dijo a la cadena NBC News que su gobierno podría utilizar “un toque más suave” en sus operaciones de control de inmigración después de que agentes federales dispararon y mataron a dos ciudadanos estadounidenses el mes pasado en Minneapolis.
“He aprendido que quizás nos vendría bien ser un toque más suaves. Pero aun así hay que ser firme”, dijo. “Estamos lidiando con criminales realmente duros. Pero miren, he llamado a la gente. He llamado al gobernador. He llamado al alcalde. He hablado con ellos. He tenido conversaciones muy interesantes con ellos. Y luego los veo despotricando y delirando por ahí. Literalmente, como si no hubiéramos hecho ninguna llamada”, se quejó respecto de sus diálogos con la autoridades demócratas de ese estado.
En una sesión informativa en la Casa Blanca el 20 de enero, Trump ya había reconocido que los agentes federales “a veces cometen errores“.
El despliegue inicial —unos 3000 efectivos— había convertido a las Ciudades Gemelas -Minneapolis y St. Paul- en el epicentro de una crisis de seguridad y de una tensión política inédita en la región.
El anuncio de este miércoles marca un giro en la estrategia agresiva que la administración federal venía aplicando allí. Según Homan, la colaboración —hasta ahora inexistente— de las jurisdicciones locales permitirá crear un entorno más seguro para el personal del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE, por sus siglas en inglés).
En concreto, el pacto establece que las cárceles notificarán con antelación la liberación de reclusos extranjeros. El objetivo es reducir los operativos visibles en barrios residenciales y espacios públicos, escenas que en las últimas semanas habían generado indignación nacional.
La retirada parcial de la fuerza federal ocurre después de semanas de caos y episodios violentos en Minneapolis. La comunidad quedó marcada por dos tiroteos mortales en los que murieron Renee Nicole Good y Alex Pretti, ambos ciudadanos estadounidenses. Las muertes, a manos de agentes federales, desataron protestas masivas en plena ola de frío, con temperaturas bajo cero.
Las principales autoridades del estado no tardaron en cuestionar la intervención. El gobernador Tim Walz y el alcalde Jacob Frey, ambos demócratas, calificaron la presencia federal como una “ocupación” de carácter militarizado.
Aunque se reducirá el número de agentes en las calles, Homan dejó claro que la misión presidencial no está en discusión. Las operaciones, dijo, pasarán a ser “selectivas y estratégicas”, con foco en quienes representen amenazas a la seguridad pública.
Sin embargo, advirtió que ningún inmigrante en situación irregular queda fuera del alcance de la política de deportación. El gobierno mantiene su meta de expulsar a personas con antecedentes penales o consideradas un riesgo.
El “zar de la frontera” describió el operativo en Minnesota como un éxito en términos de seguridad pública. Admitió que no fue perfecto, pero sostuvo que permitió retirar a “criminales” de las calles. También señaló que la agencia implementó una cadena de mando unificada para asegurar que todos los oficiales cumplan los estándares de conducta. Habrá tolerancia cero, añadió, ante agresiones contra el personal federal o intentos de obstruir la ley.
El cambio táctico se inscribe en una ofensiva migratoria de alcance nacional, respaldada por un presupuesto de 170.000 millones de dólares. La administración Trump busca alcanzar cifras récord de deportaciones antes de que termine el año fiscal. No obstante, algunas detenciones de refugiados con estatus legal comenzaron a ser frenadas por decisiones judiciales.
En el Congreso, legisladores demócratas analizan posibles bloqueos presupuestarios frente a lo que describen como operativos de estilo militar.
La distensión en Minnesota dependerá ahora del cumplimiento del acuerdo por parte de las autoridades estatales. Homan aseguró que la presencia de agentes en las calles disminuirá si las cárceles locales funcionan como filtros migratorios.
Si las jurisdicciones notifican con anticipación la liberación de extranjeros, la visibilidad de ICE en los barrios caerá de forma drástica. La Casa Blanca espera que este esquema pueda replicarse en otras ciudades.
El retiro de los 700 agentes comenzará de inmediato, como una medida para aliviar la tensión social en las Ciudades Gemelas, según el anuncio.
Trump expresó su disposición a reducir la tensión en la zona. Pero la advertencia es clara: la fuerza federal seguirá activa mientras la Casa Blanca considere que el problema de la inmigración ilegal no ha sido resuelto. La calma en Minnesota queda así atada a un equilibrio frágil entre la cooperación local y el control federal.
Tanto el gobernador Walz como el alcalde Frey, en declaraciones separadas, calificaron el anuncio de Homan como alentador, pero insuficiente.
“Necesitamos una reducción de fuerzas más rápida y grande, investigaciones estatales sobre los asesinatos de Alex Pretti y Renee Good y un fin a esta campaña de represalias”, publicó Walz en las redes sociales.
Por su parte Frey señaló que “la reducción y las cámaras corporales son un paso en la dirección correcta, pero que sigan aquí 2000 agentes del ICE no supone precisamente una distensión”.
Agencia AP y Reuters


