Hay recetas mexicanas que parecen sencillas hasta que entiendes lo que están resolviendo. Los huevos enojados nacen de una lógica práctica: cocer el huevo sin sartén, sin grasa y sin que se pegue, usando la hoja de plátano como barrera y como perfume. Esa hoja, al recibir calor, se vuelve flexible y aromática; al cerrarse, crea un microambiente de vapor que cuaja el huevo y concentra sabor.
El apodo se explica por el lenguaje popular y por la técnica. En divulgación gastronómica se aclara que se trata de huevos cocidos en hoja (de ahí el término “enhojados”), y que el nombre “enojados” se volvió un guiño fonético más que una descripción emocional.
En la receta de Yuri de Gortari acompaña el huevo envuelto con una salsa de molcajete que privilegia la textura: morita (o chipotle), jitomate asado, ajo asado, cebolla, pimienta gorda y sal. La salsa no se “homogeniza”; se martaja para que lo asado y lo ahumado se sientan a mordidas.
Cómo hacerlos si no tienes comal
La técnica no depende del comal, sino de calor parejo + envoltura + vapor. Esta opción funcionan muy bien:
Sartén pesado con tapa (la mejor alternativa)
Calienta un sartén de hierro/acero a fuego medio-bajo. Coloca el paquete, tapa 2–4 minutos, voltea con pinzas o espátula, vuelve a tapar 1–3 minutos, hasta que el huevo cuaje. Si tu estufa calienta fuerte, baja el fuego: la hoja debe tostar apenas, no quemarse antes de que cuaje el interior.

