La salud mental se ha convertido en uno de los mayores retos globales. Más de 1,000 millones de personas viven con trastornos mentales, según la Organización Mundial de la Salud (OMS), y la ansiedad y la depresión son ya las principales causas de discapacidad en el mundo. En este escenario, la felicidad —entendida como un proceso emocional y social— surge como un factor protector de la mente y el cuerpo.
En entrevista con El Economista, la investigadora Lina Martínez explica que la salud mental no depende solo del acceso a servicios médicos, sino de la capacidad de reconocer y gestionar las emociones cotidianas.
A menudo pensamos que la salud mental se limita a diagnósticos clínicos, pero comienza mucho antes: en los miedos, las ambigüedades o las preocupaciones que moldean nuestro equilibrio interno”, dijo Lina Martínez.
La especialista, quien es filósofa cuenta con un máster en Educación y Desarrollo Humano y un doctorado en Políticas Públicas, ha sido consultora del Banco Mundial y del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) en temas de políticas educativas en América Latina. Su carrera se centra en la relación entre bienestar, educación y políticas públicas, con énfasis en cómo las estructuras sociales determinan la posibilidad de vivir bien.
La salud emocional es un componente de la salud física: cuidar la mente, cuida el cuerpo”, dijo la autora del libro Felicidad, quien enfatiza que el bienestar emocional actúa como una forma de prevención.
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Lina Martínez cuenta con un máster en Educación y Desarrollo Humano y en Políticas Públicas. Ha sido consultora del Banco Mundial y del BID en proyectos educativos para América Latina.
El bienestar psicológico tiene correlaciones fisiológicas claras. Estudios de la Universidad de Harvard, como el Study of Adult Development, confirman que las personas con relaciones sólidas y actitudes positivas viven más años y presentan menor incidencia de enfermedades cardiovasculares.
De igual forma, el Global Flourishing Study, desarrollado por Harvard y Gallup, encontró que las emociones positivas —como la gratitud y el propósito vital— fortalecen el sistema inmunológico y reducen los marcadores de inflamación crónica. En palabras de Martínez, "la felicidad no es un destino, sino un proceso que puede estudiarse, entenderse y cultivarse".
Las personas felices no son las que no sufren, sino las que desarrollan recursos internos para atravesar la dificultad y encontrar sentido en la incomodidad", mencionó la especialista.
La autora recomienda algunos hábitos para aumentar la felicidad:
Uno de los capítulos más comentados del libro aborda la relación entre dinero y felicidad. Martínez lo explica así: "El dinero tiene dos bondades: da opciones y libera el ancho de banda cognitivo. Permite elegir, y la posibilidad de elección tiene implicaciones en muchas decisiones relevantes para la vida".
Explica que "la bondad del dinero está en dar opciones a quien lo posee". No se trata de acumular riqueza, sino de ampliar márgenes de decisión: desde el acceso a servicios de salud hasta el manejo del tiempo.
Además de la variedad cotidiana, una de las opciones más valiosas que da el dinero es poder comprar tiempo. La falta de tiempo caracteriza los trabajos profesionales con altos niveles de estrés, ansiedad y, en muchos casos, obesidad por falta de hábitos saludables. La ciencia informa que con recursos en el bolsillo se puede tener la opción de comprar tiempo", apunta.
Este enfoque coincide con estudios del Centre for Economic Performance” de la London School of Economics, que muestran que la percepción de control sobre el tiempo y la autonomía personal impactan más en la felicidad que los aumentos de ingreso por sí solos.
Para Martínez, las políticas públicas son determinantes en la construcción del bienestar colectivo. La calidad del transporte, los espacios públicos, la educación emocional y el acceso a servicios de salud mental influyen directamente en el estado psicológico de las personas.
Los países que han integrado el bienestar en su agenda muestran sociedades más cohesionadas y con menos desigualdad. El bienestar debe ser parte del desarrollo mismo", explica.
En América Latina, señala, el bienestar relacional —basado en la familia y los vínculos afectivos— es un activo que debe aprovecharse para construir políticas más humanas y sostenibles.
En su obra "Felicidad. ¿Cómo entenderla? ¿Por qué la queremos? ¿Es posible alcanzarla?", publicada por Debate, que pertenece a Penguin Random House Grupo Editorial, Lina Martínez combina filosofía, psicología, economía y estadística para responder preguntas esenciales sobre el bienestar contemporáneo.
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En su libro "Felicidad", Lina Martínez explora, desde la ciencia y las emociones, cómo construir bienestar y salud mental en la vida cotidiana.
La autora busca derribar mitos: la felicidad no es una meta individual ni una emoción constante, sino una "competencia humana" que se aprende, se cultiva y puede fortalecerse socialmente.
"México tiene una enorme reserva de bienestar relacional"..."pero también la responsabilidad de redefinir lo que entendemos por felicidad para que sea parte de la salud integral y no un ideal distante", concluye Lina Martínez.


